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Cuando el porno se convierte en un chiste de WhatsApp

19/05/2016

El envío de imágenes con contenido sexual en los grupos de conversación de esa red social se masificó en el último tiempo; los especialistas hablan de «consumo pasivo» y apuntan que hoy la pornografía se deserotizó

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Ni se dio cuenta. Rodrigo, 32 años, empleado de un banco, dejó su celular sobre la mesa del comedor, apenas llegó del trabajo y fue al baño. Cuando salió, vio a su hijo de cinco años con el teléfono y se le heló la mirada. «¿Qué? ¿Qué pasa?», interrogó Érica, su mujer, que entraba en la escena en ese mismo instante. El pequeño Francisco tenía los ojos abiertos de par en par. Había entrado al grupo de WhatsApp de los compañeros de fútbol de Rodrigo y se encontró con toda una batería de fotos, hombres y mujeres desnudos, en poses eróticas o manteniendo relaciones sexuales.

El porno se convirtió en un chiste de WhatsApp. Si embargo, los especialistas lo llaman pornografía pasiva ya que, a diferencia de otros tipos de consumo, el destinatario no compra una revista, ni ingresa a un sitio web o se suscribe a ciertas páginas. «Involuntariamente» con sólo estar presente en algún grupo de conversación, los mensajes de contenido sexual le llegan a su celular. Y aún así, aunque el usuario debe activar el video o la foto para descargarlos y verlos, no es lo mismo que entrar, intencionalmente, y consumir pornografía.

Una actividad que crece

Esto es sólo un indicador del crecimiento de la actividad en esta red social. Hay que dejar en claro que compartir pornografía por Internet no constituye un delito. En cambio sí es un delito tanto si el material involucra a menores como si se le comparte a menores. Se prevén penas de dos años de prisión por violación del artículo 128 del Código Penal. «Llevamos adelante una gran cantidad de denuncias de este tipo y hay personas procesadas por compartir pornografía infantil vía WhatsApp», detalla Del Carril.

En este sentido, Francisco Amato, director de Infobyte, empresa de servicios informáticos, agrega que, además de ser un delito, la rapidez con la que se viralizan los contenidos genera una doble vicitmización en esa persona. «Hay que tomar conciencia, y también con los contenidos que alguien puede filmar para consumo personal con su pareja y que, de compartirlo, puede provocar daños muy serios». Además, dice Amato, «por defecto del sistema uno queda comprometido legalmente, porque WhatsApp te baja todo. Por eso es recomendable configurar la aplicación para que no baje ni las fotos ni los videos al teléfono. De esta manera, uno puede decidir luego qué ver y qué no».

Consumo pasivo

De todas formas, lo que ha cambiado, dicen los especialistas, es el lugar que se le da a la pornografía en la sociedad. Se ha convertido en un chiste viral, en una forma de conversar cuando no hay nada para decir. Los expertos hablan del cambio en el significado social de la pornografía al migrar a un consumo pasivo. Incluso, el hecho de haber descargado la imagen puede no suponer un acto voluntario, se puede argumentar que se descargó por accidente, o que el teléfono lo bajó solo o que simplemente se descargó por curiosidad, por ser parte del grupo, por no ser menos.

Para Marcelo De Vincenzi, decano de la facultad de Tecnología de la Universidad Abierta Interamericana (UAI), esta circulación de contenidos que se recibe de forma involuntaria es, sencillamente, una invasión de la privacidad. «Te guste o no, a vos te llega, por eso el principal filtro que hay que enseñar es el de los valores y el respeto. Además, la gente no es consciente de que por más que una foto o un video puedan eliminarse del teléfono, vivirán siempre siempre en la Red. Todo queda en la nube.»

Para Ítalo Daffra, director de baires.media.lab, agencia digital que se especializa en gestionar redes sociales y plataformas tecnológicas para empresas, lo primero que debería preguntarse el que está a punto de enviar ese tipo de contenido es lo siguiente: ¿Cuál es el propósito o tema del grupo en cuestión? «Es un protocolo básico, están los grupos de fútbol, los de música, los de madres y padres del colegio, los de amigos. Y si de repente alguien irrumpe con un contenido XXX puede incomodar a otro que no quiere participar, con lo cual lo más recomendable sería armar un grupo aparte, donde todos hayan dado el consentimiento para recibir ese tipo de información.»

«Paradójicamente, la pornografía fue perdiendo su connotación. Se deserotizó. Ya no se le da el significado social que en otro momento ha tenido. Incluso, una persona no se va a escandalizar por encontrar contenido sexual en el teléfono de su pareja. Ya salió del terreno de lo prohibido y también de lo iniciático», dice Eduardo Drucaff, médico psicoanalista, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) y director médico del Centro Racker. «Esto forma parte del cambio general de usos y costumbres: cosas que antes eran del ámbito privado y que ahora son del orden público. De todas formas, se la sigue compartiendo con picardía porque sigue estando en los márgenes de lo permitido. La pornografía se convirtió en una forma de humor.»

 

Fuente: La Nación

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