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Matilde es demasiado: la primera mujer guardavidas

10/05/2016

Matilde Ontiveros fue la primera mujer en las playas de Gesell. También pionera de los juegos electrónicos, fue el terror del fundador de la Villa. 

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Como la mujeres salieron al mercado laboral mucho más tarde que los hombres, es probable que las pioneras sean contemporáneas y puedan contarte la historia sin siquiera darse cuenta de su lugar en el mundo. Tal es el caso de Matilde Ontiveros, primera mujer guardavidas de los mares argentinos.

“Había gente que iba a verme para saber cómo era la otra mujer que sabía nadar”, sonríe hablando de Esther Williams, famosa por sus películas acuático-musicales.

Una cosa es querer ser maestra jardinera y otra, muy distinta, es que te pase lo que le pasó a ella cuando, con sus labios pintados, tuvo que socorrer a un tipo en nuestras playas de la Costa. Así arranca el cuento de esta señora de 76 años, una adelantada a su tiempo que además fue el terror del mismísimo Carlos Gesell, fundador de la villa ídem. “Cuando abrí el primer negocio de flippers de la villa, Gesell pensó que yo quería convertir su playa en Las Vegas. ¡Me odió!” …

La séptima década. “Ahora estoy grande y me ayudo con un bastón, pero yo fui muy nadadora. Nadaba para el club Independiente. Fui campeona estilo mariposa cuando era muy joven, a los 14 años. Un día iba a viajar a Brasil para un Sudamericano, el viaje se frustró y yo me puse tan mal que abandoné todo. Me pasé muchos años fuera del agua. En el ‘68 me voy a vivir a Gesell, frente a la Jirafa Roja, ¿conocés? Me quedo ahí, abro un negocio y viene un muchacho pidiendo permiso para colocar un aviso en la vidriera. Leo que da clases de natación en su pileta particular. Le digo: ah, qué lindo, yo era nadadora. Resultó que habíamos nadado en el mismo club. Me dice que él también daba cursos de guardavidas de la Cruz Roja. Hice el curso. En ese momento eran todos jovencitos de 20 años. Y yo”.

Bonus track. “Me asocié con alguien que traía maquinitas y puse el primer local de flippers de la villa. Año 1968. Antes de que llegaran Sacoa y Centerplay. Carlos Gesell siempre estaba por el centro, y se puso como loco. Decía que yo quería transformar su villa en Las Vegas. El detestaba el juego. Cuando me lo cruzaba en la panadería, todo bien. Cuando me lo cruzaba juntando piñas y hongos en el bosque, todo bien. Pero después me enteré que andaba preguntando si yo era una mujer de la vida (…) El local fue creciendo, se llenaba. Le añadí un bar. Carlos Gesell ni entraba. Yo no sabía lo que podían provocar esas maquinitas, ¡cerrábamos de madrugada! Nunca les presté atención. Nunca supe cómo se jugaba.” …

Escuela de sirenas. “A los cinco mejores de mi promoción le daban el puesto de guardavidas en un balneario municipal. Era el salto de la pileta al mar. No existían mujeres en ese puesto. Yo tenía mis flippers, no me interesaba. Además, en la Cruz Roja eran machistas así que no me veía en ese puesto. Igual decidí dar el examen. No me preguntes por qué, pero lo di. Recuerdo que fue como un show: la gente se juntaba alrededor de la pileta para ver cómo bochaban a la chica que quería ser guardavidas. Para hacerla corta, salgo primera en el teórico y en el práctico, que consistía en 400 metros estilo crol”.

¿Pamela Anderson? “Me gusta pintarme los labios desde siempre. Pintarme de rojo. Te cuento este detalle porque una vez alguien pidió auxilio. Un tipo grandote que estaba ahí nomás de la costa. Cerca. Lo veo levantando la mano. Yo estaba haciendo mis primeras armas en una playa municipal de Gesell. Voy sin llamar la atención porque no era algo complicado. Yo llevaba el pelo atado. Cuando ve que era mujer la que iba a socorrerlo, me dice no, no, sólo estaba saludando. Lo miré a los ojos, hice el ademán de irme y me pidió que lo esperara, que sentía que el agua lo estaba arrastrando. Le dije que se apoyara en mi hombro y que se soltara cuando estuviera en condiciones de hacerlo. Creo que lo hicimos bien. Me parece que nadie se avivó (…) No, no, la serie Baywatch no se inspiró en mí. Bah, eso creo, yo nunca me enteré de nada al respecto. Siento que las mujeres podemos ser muy eficientes en esta clase de trabajo. Yo me alejé de las playas a fines de los ‘80, pero pienso que a los hombres se le van los ojos detrás de una biquini, mientras que nosotras, las guardavidas femeninas, somos más zorras o directamente estamos atenta al mar… ¿Qué? ¿Si yo estaba buena? Sí, tenía una buena figura. Además era única en lo mío, así que imaginate…

Fuente: Clarín

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