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Los números de un trimestre tétrico para la economía argentina

28/06/2019

Los relevamientos oficiales siguen siendo adversos y dan cuenta de un panorama futuro donde no hay indicios de que la ecuación económica vaya a cambiar de signo.

La semana pasada supimos que, durante el primer trimestre del año, el PBI se desplomó un 5,8% en comparación con en el mismo período del año pasado, presentando una merma también respecto al último trimestre del 2018. Esta recesión económica se explica por una baja en el nivel de actividad de sectores importantes en la generación de agregado de valor y de fuentes de trabajo. Por caso, la industria manufacturera sufrió un deterioro de 10,8%; el sector electricidad, gas y agua menguó 5,2%, durante el primer trimestre de este año en comparación con el mismo período del año pasado. La construcción decreció casi siete puntos porcentuales y el comercio mayorista y minorista tuvo una caída de 12,6 por ciento.

El comercio y la actividad industrial son los dos principales motores de empleo registrado del sector privado. El primero representa el 18% de los trabajos en blanco del sector privado, mientras que todas las industrias emplean también dieciocho por ciento de los asalariados registrados, aproximadamente. En efecto, poco más del 36% de los trabajadores empleados en regla venden su fuerza de trabajo en comercios o produciendo manufacturas en alguna fábrica. De lo antedicho se desprende que una merma en los sectores que explican gran parte de la oferta laboral tendrá repercusiones en las fuentes de trabajo, inevitablemente.

El último reporte sobre trabajo registrado publicado recientemente por el Ministerio de Producción y Trabajo concluye que, en abril hubo 203.900 menos trabajadores que en el mismo mes del 2018, teniendo en cuenta las pérdidas de empleo en todas las modalidades de ocupación, es decir, en el sector privado, el público y monotributistas. Si nos remitimos sólo al sector privado, el informe advierte que hubo 164 mil trabajadores registrados menos que hace un año atrás. Las mayores pérdidas de fuentes laborales se dieron en la actividad industrial, el comercio, transporte, comunicaciones, en el rubro hotelero y en restaurantes. En efecto, la masa salarial se redujo 8,4%, respecto promedio registrado en el mismo mes del año pasado.

Menos ocupación, más desempleo y subocupación

En efecto, la recesión trimestral, más el deterioro de la actividad del mes de abril que según relevamientos oficiales fue de 1,3 (respecto a igual mes del año anterior), dejó sus huellas en el mercado de trabajo. Lejos de circunscribirse a actividades específicas, la pérdida de fuentes de trabajo marca una tendencia que tiende a profundizarse. De acuerdo a los indicadores dados a conocer por Indec luego de realizar la Encuesta Permanentes de Hogares, la tasa de desocupación llegó a los dos dígitos, superando a la de un año atrás. Del mismo modo, los casos de subocupación registrados aumentaron significativamente respecto al primer trimestre del 2018. Mientras que la población ocupada disminuyó respecto a los registros del año pasado. Estos indicadores dan cuenta que el empleo está atravesando una situación crítica en el país. Del total de la población económicamente activa, solo el 66% es considerado ocupado, pese a que para formar parte de esta categoría el encuestado debe haber trabajado tan solo una hora en la semana en que se realizó la EPH.

A todo esto, la inflación minorista de mayo marcó tres puntos y los aumentos de los últimos doce meses llegan a 57,3%. Por otro lado, los aumentos de precios registrados en el sector mayorista casi tocan los setenta puntos porcentuales, esto quiere decir (como explicamos en la nota de la semana pasada) que el sector minorista tiene un traslado de precios pendiente que lo hará en la medida en que se recomponga la demanda, seguramente. Esto quiere decir que, en este estado de situación, es de esperar que la inflación se mantenga alta. No hay indicios de que los precios vayan a aminorar su aumento significativamente.

Aumenta la brecha entre pobres y ricos

A un cuatrimestre signado por cuatro meses consecutivos de recesión interanual, alta inflación y pérdida de fuentes de trabajo, se le suma otro dato desalentador, el empeoramiento de la distribución del ingreso. Esta semana el organismo que dirige Jorge Todesca informó que el 10% de mayores ingresos de la Argentina tiene un ingreso veintiún veces mayor al que detenta el decil más pobre de la población. Agrandando así una brecha que en diciembre del año pasado era de veinte veces más entre los más pobres y los más ricos. Dicho de otro modo, mientras la población más carenciada agencia apenas el 1,2% de los ingresos, el diez por ciento más rico de la población concentra más del 30% del ingreso.

Según el ingreso individual, cerca del 70% de los casos percibió un ingreso promedio de 22.404 pesos, cuando en mayo una familia de tres integrantes necesitaba más de 24 mil pesos para superar la línea de pobreza. En efecto, esta distribución regresiva de los ingresos dificulta la reactivación de la economía apalancada por el consumo.

El Central usa sus reservas para conseguir pax cambiaria

Quizás la única buena noticia que puede dar el Gobierno nacional es que la divisa norteamericana no presenta sobresaltos. La pax cambiaria algunos la adjudican a “la confianza” que genera la actual gestión, otros arguyen que obedece a un voto de confianza de los mercados a Macri, también están quienes elucubran que la estabilidad de la cotización de los billetes verdes se debe a la estrategia de Cambiemos reflejada en la composición de la fórmula electoral. Sin embargo, el Balance Cambiario de mayo realizado por el Banco Central da cuenta que la demanda de dólares no menguó, por el contrario, más de un millón de personas siguen comprando dólares cada mes.

La fuga de capitales, por ello se entiende dinero generado en la economía argentina que sale del sistema financiero mediante la adquisición de la moneda norteamericana, giró en torno a los u$s 2.500 millones, una cifra inferior a la fuga durante la corrida cambiaria de mayo del año pasado, pero ampliamente superior a las registradas en el 2017 y 2016. Así, la fuga hacia el dólar se mantiene elevada. En lo que va de la gestión Cambiemos, la salida de capitales supera los 70 mil millones de dólares. En efecto, las reservas internacionales del BCRA acumulan cada vez más presiones.

 

Fuente: La Nueva Mañana

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