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Megaminería: Jáchal en una cruzada nacional por la protección de los glaciares

26/02/2018

Once ciclistas de la asamblea «Jachal No Se Toca», pedalean 1.400 km hasta Buenos Aires juntando firmas para pedir que no se modifique la Ley de Glaciares.

A las 8 de la mañana del 19 de febrero está todo listo. La camioneta adaptada para el viaje sale de Jáchal, los vecinos los acompañan, algunos caminan, se detienen, levantan el puño y les gritan “fuerza!”, otros los escoltan en moto, en autos y están también los que salieron a recorrer los primeros kilómetros en bicicleta junto a ellos.

“Muchos se quedaron con ganas de venir, es duro, porque ésta lucha es a pulmón”, cuenta Domingo, uno de los once ciclistas que partieron hacia Buenos Aires pedaleando desde ese pueblito sanjuanino, conocido en los últimos tiempos por los derrames de cianuro de la mina Veladero, en 2015, operada por la empresa transnacional Barrick Gold.

Con el lema “La Ley de Glaciares No Se Toca”, el objetivo de los vecinos, devenidos en ciclistas de lucha, es recorrer 1.400 kilómetros hasta el Congreso de la Nación, la misma distancia que el agua de los glaciares de los Andes atraviesa hasta llegar al Océano Atlántico.

“Yo soy cero deportes”, confiesa Domingo durante su paso por la Plaza San Martín de Córdoba, “tenía miedo de no poder, pero puedo, hago lo que puedo”, agrega.
Los activistas de la Asamblea Jáchal No Se Toca, desde su salida realizaron trechos de 150 a 200 km por día, pasaron por ciudades como Patquía, Serrezuela, Cosquín, Córdoba, Bell Ville, Rosario, San Nicolás, San Andrés de Giles, además de Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el objetivo es llegar al Congreso de la Nación este martes, donde entregarán un petitorio que insta a la protección de los glaciares.

Un inventario incompleto

En 2016 los vecinos de Jáchal presentaron una denuncia exigiendo aplicación plena de la Ley Nacional de Glaciares 26.639. Allí se contempla la realización de un inventario de estas masas de hielo a lo largo del país y también de la zona periglaciar. “Nunca se completó el inventario, y en el manual publicado sólo se incluyeron glaciares mayores a una hectárea”, comenta Carolina, una de las activistas de la Asamblea de Jáchal.

A fines de noviembre del año pasado, “el ministro de minería de San Juan, junto con empresarios de la Cámara Minera, se reunieron con el presidente Macri para pedirle que se reforme la Ley de Glaciares”, dice Carolina y agrega: “Modificar la ley que permita instalar mineras a la vera de estos espacios es darle vía libre a las empresas para que se instalen a lo largo de nuestra cordillera”.

San Juan, como muchas de las provincias ubicadas hacia el norte, tiene numerosos glaciares con dimensiones menores a una hectárea. Por lo que la ley se quiere modificar para que no todas estas reservas de agua sean inventariadas, sino solo las más grandes que una hectárea.

“La trampa es que desde Mendoza hacia el sur, la mayoría de los glaciares son grandes, pero desde Mendoza hacia el norte, las masas de hielo son chicas pero son muchas y están entrelazadas entre sí, conformando un sistema hídrico glaciar que asegura irrigación incluso en época de sequía”, cuenta Domingo y explica: “Si avanzan con eso, no solamente estamos perdidos los pueblos que vivimos más cerca, sino todos. Así como un río avanza, los efectos de la contaminación también lo hacen”.

Jáchal, el pueblo de los molinos en ruinas

Jáchal era un pueblo agrícola ganadero, en el siglo pasado producía tomate de altísima calidad, pasturas para engorde, era zona triguera donde se instalaron los primeros molinos en el país. Ahora nada de eso queda. En Jáchal, ahora, la gente solo bebe agua envasada.

“Jáchal tenía unos siete molinos harineros, y era zona ganadera, ya no lo es. Teníamos la mejor cebolla del país, ahora no sirve, cuando las cosechamos de la tierra, ya está podrida», cuenta Faustino, que tiene 65 años y es uno de los ciclistas más grande pero también de los más entrenados porque de joven competía en el deporte.

“Mi nieto más chiquito tiene un año y ésta lucha es por gente como él. Mis antepasados son originarios de las tierras en Jáchal y queremos seguir viviendo en nuestro territorio”, dice Faustino y cuenta: “Nuestro departamento, en la provincia de San Juan, es donde más personas con cáncer hay, es una de las zonas con más pobreza también. En el hospital no tenemos especialistas, si alguien se quiebra, tiene que venir una ambulancia desde San Juan para asistirlo. Ellos, derramando cianuro, nos hablan de progreso, pero así estamos”.

“Somos una especie de Quijotes de los molinos en ruinas porque se truncaron todas las posibilidades de sostenibilidad económica del pueblo para que nuestros jóvenes no tengan otra alternativa más que ir a trabajar en la mina, aunque eso también es irreal porque tenemos altísimos porcentajes de desocupación”, contaron los ciclistas durante su paso por Córdoba para juntar firmas. “Queremos alertar a toda la Argentina,  porque tenemos que defender el agua. Se puede vivir sin oro pero no sin agua”.

“Ese terror que vivimos nunca dejamos de sentirlo”

“Hace dos años cuando se produce el derrame de agua cianurada de la mina de Veladero, se pensaba que eran 15 mil litros, lo cual era una locura; después nos enteramos que eran 5 millones. Y primero dijeron que no había llegado a ninguna cuenca y resulta que al final eran cinco ríos” recuerda Domingo.

Esa noche del derrame, el 13 de septiembre de 2015, aunque se intuía, nadie sabía con exactitud las dimensiones del desastre y por eso mismo, fueron los propios vecinos quienes empezaron a prevenir y alertar.

“Primero éramos unas 200 personas intentando saber qué pasaba, luego se fue sumando más gente. Fuimos a buscar al intendente a su casa para que nos explicara qué pasaba. Nuestra asamblea, creada como resistencia contra la megaminería, se hizo cargo del gobierno departamental por dos o tres días, diciéndole al intendente cómo proceder, qué medida de seguridad, qué análisis de agua se debía hacer, porque estaba paralizado y en un primer momento hasta se intentó ocultar. Fue una noche larga y al volver a mi casa, mi mujer me dice: “Domingo, bañamos al bebé”. Ese terror que vivimos, nunca dejamos de sentirlo. Ese terror de saber que pueden afectar los glaciares, que nadie los controla, que hacen lo que quieren y se saben impunes, eso, es lo que no queremos vivir más”.

Así relata Domingo, en un pequeño festival en Plaza San Martín mientras juntan firmas, el derrame que afectó a su pueblo y agrega: “Después, nada, hicimos una lucha contra el ocultamiento, contra la mentira, contra la manipulación cada día, todos los días. Vinieron más derrames y más mentiras pero acá estamos resistiendo, denunciando, aunque tengamos que dejar nuestras casas, familias y pedalear hasta Buenos Aires para que el país reaccione”.

fuente: La Nueva Mañana

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